MORAL VS LIBERTAD SEXUAL

Fecha: 28 de Julio de 2020 a las 05:31 Por: Oscar Adrian Gòmez Avella

Fragmento del ensayo "Sexualidad Integral" que hace parte del manual de la Escuela de Literatura 2020

Que gran cantidad de voces hemos tenido afirmando lo que es y lo que no es social o moralmente correcto para el hombre y la mujer en cada uno de los aspectos de la vida, y especialmente en su aspecto sexual. Lo que debería permitirse, hablarse, rechazarse o aceptarse en cuanto a sexo y género es un tema de discusiones de pasillo y de grandes convenciones académicas a nivel mundial. Es un tema del cual cualquiera puede y debe tomar partido, porque hace parte de nuestra naturaleza.

A pesar de su masificación en la discusión y de los grandes avances aún es un aspecto con enormes abismos desde las distintas riveras de las discusiones y que requiere una postura de enorme madurez para abordarla sin tomar alguna postura específica. Es importante partir de las generalidades del mismo.

El sexo es nuestras características físicas y biológicas en las cuales somos hombres o mujeres. Si bien es cierto, existe una proporción minúscula de la población con características físicas de hombre y de mujer; no existe un ser capaz de engendrar vida y concebirla al mismo tiempo. Aquí estamos en dos polos que a la luz de la verdad es imposible abandonarlos. Para casi la totalidad de quienes creen en existencias antes del nacimiento y posteriores a la muerte, estas características sexuales están presentes e inmutables también en estos aspectos abstractos del tiempo.

Las cosas se van haciendo un poco más complejas al abordar el género, aunque en verdad puede darse también un abordaje dicotómico. En cuanto al género somos masculinos o femeninos. El género masculino son las características comportamentales y sociales que se asocian al hombre. El género masculino son las características comportamentales y sociales que se asocian a la mujer. Por supuesto que estas connotaciones están en debate y se están transformando, pero su definición básica no cambiará.

La atracción sexual viene siendo una característica comportamental que va ligada a prácticas sociales y entre ellas prácticas sexuales específicas. En ese orden de ideas, viene siendo un aspecto relacionado al género. En otras palabras, lo masculino se asocia a una atracción sexual hacia la mujer y lo femenino. Del mismo modo, lo femenino se asocia a una atracción sexual hacia el hombre y lo femenino.

Volviendo al género en su amplitud, concluimos que se puede ser cisgénero cuando mi sexo y mi género son consecuentes. Cuando por ejemplo se es un hombre con comportamientos y prácticas sociales que se asocian a lo masculino. Aplica igualmente para la mujer. Se puede ser transgénero cuando sexo y género son contrarios. Cuando por ejemplo se es una mujer con comportamientos y prácticas sociales que se asocian a lo masculino, y viceversa. No es necesario un proceso quirúrgico u hormonal para ser transgénero.

Con estos aspectos en claridad, podemos tener un abordaje más centrado en las múltiples discusiones que se dan en cuanto a sexo, género y atracción sexual. La principal discusión o por lo menos la más trascendental y difícil de resolver se da en el campo moral. Lo que es bueno y lo que es malo en este aspecto tiene dos grandes posturas. Por un lado están aquellos para quienes lo único bueno -moralmente hablando- es el cisgenerismo: que un hombre sea masculino y una mujer sea femenina. Especialmente en su atracción sexual. Por el otro lado están aquellos que afirman que es buena -moralmente hablando- cualquiera de las variantes e interrelaciones que se dan entre sexo, género y atracción sexual. Por ejemplo, es algo bueno un hombre transgénero que siente atracción sexual por sus ambos sexos. Para este grupo el cisgenerismo también se encuentra dentro de lo que es bueno; -moralmente hablando- y lo malo se ubica en la NO aceptación de alguna de esta plena libertad.

La creación está hecha con una dicotomía mágica que testifica en contra de una dominancia completa del azar. Existe la luz y su ausencia es la oscuridad; pero ambas no pueden existir a la misma vez. Está dicotomía hace irreconciliable desde el punto moral las posturas anteriormente expuestas. Lo que se busca en este ámbito para la sana convivencia es su respeto mutuo, pero para que esto se logre es imprescindible que se tenga una comprensión madura de la verdad, entendida esta como única y fragmentaria. Bajo este supuesto, alguno de los dos grupos está por fuera de la verdad. Las opciones son discutir hasta el punto de matarnos por transformar la postura de uno u otro; o entender que cada grupo hace su respectiva apuesta metafísica y que la decisión de un grupo no repercute en el destino final del otro. La razón y decisión del hombre y la mujer es a priori individual y así mismo es la responsabilidad asumida en estas decisiones.

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